martes, 23 de noviembre de 2010

“FANATISMO, DELIRIO Y PARANOIA APOCALÍPTICOS”




Un psicólogo podría definir, si un individuo está trastornado o no y qué tan patógeno es su caso. Considerando la actitud de individuos y grupos religiosos que promocionan sus experiencias místicas. Podemos aproximarnos a una conclusión sobre el comportamiento de ellos con la información que de ellos nos suministran los psicólogos.

Primero que nada, definiré algunos términos que nos servirán como referentes:
1. Fanatismo. Según el Diccionario de Psicología Rioduero, define el fanatismo como: <>.
2. Delirio. El mismo diccionario dice: 1) En general: ideas exaltadas, pensamientos fantásticos, convicciones desviadas y deformadas. 2) Psicopatología: [...] Las bases patológicas del delirio son [...] kparanoia y kesquizofrenia (delirio de referencia y la manía persecutoria).
3. Paranoia. Perturbación mental con un sistema estructurado de ideas delirantes (delirio paranoide); generalmente en el sentido de delirio de persecución en una personalidad completamente intacta.
4. Apocalíptico. Es un adjetivo relativo al último libro de la Biblia, Apocalipsis, palabra transliterada del griego “apokaluptikos” y significa revelación; en sentido figurado se usa como algo oscuro, enigmático o terrorífico (Larousse). Este último vocablo (terrorífico) será el sentido que le daré en el desarrollo del tema.

Ahora bien, ciertos grupos religiosos tienen como dogma la creencia en “dones sobrenaturales”. Sobre los que más énfasis hacen son: don de lenguas, profecía, sanidad, visiones, sueños y revelaciones.
Estas creencias se basan en un supuesto, es decir, ellos creen que están en vigencia hoy, los poderes espirituales que les fueron concedidos por promesa de Cristo a los apóstoles (Luc. 24. 49; Jn. 16. 13, 14; Hch. 1. 4; 2. 32, 33). Alegan que ellos también tienen esos poderes como los cristianos del primer siglo y citan, entre otros textos a Hechos 2. 1 - 21 y I Corintios 12. 1 – 11.

Ignoran que los apóstoles recibieron ese poder directamente, como veremos:
1. “¿No son galileos todos estos que están hablando?” Hch. 2. 7. “... varones galileos...” 1. 11.
2. “Pedro, poniéndose en pie con los once...” Hch. 2. 14.
3. “Dijeron a Pedro y a los demás apóstoles...” Hch. 2. 37.
4. “Muchos prodigios y señales eran hechas por los apóstoles” Hch. 2. 43.
5. “Por manos de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios...” Hch. 5. 12.

A todo esto hay que añadir, que solamente por las manos de los apóstoles, única y exclusivamente por ellos podían recibir otros cristianos los dones espirituales. Dos textos que señalan categóricamente esta afirmación son Hechos 8. 18, 19, “Cuando Simón vio que EL ESPÍRITU SE DABA POR LA IMPOSICIÓN DE LAS MANOS DE LOS APÓSTOLES, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mi esta autoridad, de manera que TODO AQUEL SOBRE QUIEN PONGA MIS MANOS RECIBA EL ESPÍRITU SANTO”. Además los versículo 14 - 17, señalan que los apóstoles en Jerusalén enviaron a Pedro y Juan para que los que hubieran sido bautizados, recibieran el Espíritu Santo mediante ellos.

Hay otro caso donde Dios da directamente el Espíritu Santo a algunos creyentes, se trata de Cornelio el Centurión y su familia. El propósito de esto, era testificar a los cristianos judíos que también los gentiles serían incorporados a la fe de Cristo:

1. “... levántate, Pedro, mata y come” [...] “Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás” [...] “... lo que Dios limpió, no lo llames tú común” [...] “...Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto...” [...] “... Vosotros sabéis cuan abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mi me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo...” [...] “... En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hch. 10. 13 – 17, 28, 34, 35; 11. 1- 18).
2. “Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?” [...] “Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo:..” [...] “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor... [...] Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros..., ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron,... ¡De manera que también a los gentiles ha dado arrepentimiento para vida!” (Hch. 10. 44-47; 11. 2 - 4, 15 - 18).
3. Cuando Pedro dice, -“... cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio”, Hch. 11. 15 - se está refiriendo a la experiencia que tuvo él con los demás apóstoles en el día de Pentecostés (Hechos 2).
4. Esa manifestación del Espíritu la conocemos como “el bautismo con el Espíritu Santo” (Hch. 11. 16; 1. 5; Mat. 3. 11; Mc. 1. 8; Lc. 3. 16; Jn. 1. 33) y ocurrió solo dos veces en la historia de la iglesia del Señor, como ya lo hemos leído en la Biblia. Nunca más acontecería un evento como este así como nunca más se repetirían los milagros que realizó Moisés, por ejemplo Éxodo 14. 16, 21 y I Corintios 10. 1, 2. Así que, este bautismo no era para todos los creyentes sino para los apóstoles y Cornelio y su familia para testimonio a los cristianos judíos, que Dios aceptaba a los gentiles en la iglesia. Hasta entonces estaba compuesta de israelitas residentes en Jerusalén y de la diáspora en la medida que la fe se extendía a otras ciudades (Hch. 2. 36, 8 – 11; 8. 1, 4, 14; 9. 20 – 22, 31).

Estimados lectores, al conocer toda esta verdad irrefutable, no podemos más que concluir que nuestros amigos que hacen énfasis en tener experiencias con “dones sobrenaturales”, don de lenguas, profecía, sanidad, visiones, sueños y revelaciones, etc., tienen un problema conductual, conocido como fanatismo <>.
Sus visiones, sueños, revelaciones y la constante idea de que va venir una “gran tribulación”, es muestra de una “paranoia delirante de magnitudes apocalípticas”.

¿Qué más tribulación, que las diez persecuciones que lanzaron los emperadores romanos contra los creyentes hasta el siglo tercero? Sin contar las tribulaciones que narra la Biblia en el Nuevo Testamento.

CONCLUSIÓN:
Cristo predijo la tribulación que les vendría a sus discípulos (Mat. 5. 11, 12; 24. 9, 10, 15-22; Hch. 8. 1, 3; 9. 1, 2).
Los apóstoles hablan de la tribulación como ya presente en su época (Apoc. 1. 9; 2 Tes. 1. 6, 7; Rom. 8. 35, 36).
El mensaje de Apocalipsis era para darles consuelo y esperanzas a la iglesia del primer siglo ante la tribulación que enfrentaba (Apoc. 1. 1 –3; 6. 9 – 11; 7. 13 - 17).
El fanático no puede darse cuenta de esta realidad porque el delirio lo tiene paranoico en su creencia apocalíptica.
¡Qué barbaridad!

sábado, 7 de agosto de 2010

LA PERLA ÚNICA




Por José Carvajal

INTRODUCCIÓN:
Colosenses 1:13, “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”.
A. ¿Cuándo ocurrió esto? Ocurrió cuando fueron bautizados (2:12; compárense Hechos 2:41, 47; Juan 3:5). Nacieron del agua y del Espíritu para entrar en el reino
B. Obsérvese que según este texto (1:13) sin duda alguna el reino de Cristo existía cuando Pablo escribió esta carta.
C. Desde aquel día en adelante, el Nuevo Testamento habla del reino como ya existente (Hechos 8:12).
D. Sin duda alguna el Reino es la iglesia de Cristo (Mateo 16:18-19; Colosenses 1:13; Hechos 2:47).

I. Las parábolas del tesoro y la perla sobre el reino (MATEO 13:45-46).
A. Mat 13:44, “Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”.
1. El tesoro fue hallado por uno que no lo buscaba.
a) Tropezó con él por accidente. Estaba labrando el campo, no estaba buscando ningún tesoro; se lo encontró casualmente. Pero notó su valor.
2. Romanos 10:20 dice, "Fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí".
B. Mat 13:45-46, “También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró”.
1. La perla fue encontrada por uno que andaba en demanda de ellas.
2. La escena es la de un mercader técnico en perlas.
a) Este hombre estaba buscando buenas perlas: ese era su negocio.
b) Él buscaba diligentemente la perla elegida, y cuando la halló, vendió todo lo que tenía para comprarla.
C. El reino de Dios es algo que supera a cualquier bien de este mundo.
1. El que lo encuentra tiene que estar dispuesto a renunciar a todo por entrar y mantenerse en él.
D. Ambas parábolas se diferencian en un punto importante:
1. En ambos casos los que hicieron el hallazgo se condujeron de una misma manera:
a) Uno y otro vendieron todo lo que tenían para quedarse con el descubrimiento.
b) Y este es precisamente el hecho principal.
2. ¿Qué hicieron los dos hombres que describió nuestro Señor?
a) Ambos, pues, sabían que habían encontrado un objeto valiosísimo, y que valía la pena hacer grandes sacrificios para posesionarse de él.
3. El verdadero cristiano. Sabe lo que es y lo que hace, y que vale la pena ser y obrar así.
a) Sale del mundo; se despoja de su naturaleza corrompida; deja a sus antiguos amistades.
b) A semejanza de Mateo, lo abandona todo (Mateo 9:9).
c) O como Pablo cuenta todo como pérdida por amor de Cristo (Filipenses 3:7-8).
d) Y ¿por qué? Porque en Jesucristo encontrará algo que vale más de lo que haya perdido.

II. La verdad es una y no está dividida, y Cristo habla de un tesoro y una sola perla encontrada.
A. El que posee la perla comprende que es rico y solo él conoce su valor.
1. Muchas veces, si la perla es pequeña, la aprieta con su mano, así sucede con el reino, es decir, la iglesia.
a) Los que son añadidos a ella saben que son salvos (Hechos 2:47).
B. El evangelio de Cristo y la iglesia de Cristo son un verdadero tesoro y perla invaluables.
1. Efesios 3:8, Pablo habla de "las inescrutables riquezas de Cristo".
2. Dice Cristo que cuando el hombre halló el tesoro, "gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo" (Mateo 13:44b).
3. Dice Jesús, "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame" (Mateo 16:24).
C. Un verdadero comerciante de perlas, peinaría los mercados del mundo para encontrar una perla que tuviera una belleza extraordinaria.
1. Jesús dijo, "buscad y hallaréis... el que busca halla" (Mateo 7:7,8).
a) ¿Por qué halló este hombre la perla de gran precio? Porque la buscó (Hechos 17:11).
b) Era perla única. También nosotros debemos buscar la perla única.
i. Hay solamente una perla "de gran precio".
ii. Hay una sola iglesia de Cristo (Efesios 4:4-6, "un cuerpo…").
c) Hoy en día hay muchos evangelios e iglesias, etc., distintos al de Cristo.
i. Dicen algunos religiosos que hay muchos caminos al cielo. Pero en esta parábola dice Cristo que había una sola perla de gran precio, así también la Biblia enseña que hay un solo camino al cielo y una sola iglesia (Juan 14:6; Mateo 16:18).

III. Vendió todo. En las dos parábolas dice Cristo que vendieron todo.
A. Nadie les obligó a vender todo. Lo hicieron voluntariamente.
B. ¿Qué se vende? ¿Qué significa "vender todo"? (Cf. Mateo 10:37,38; 16:24; Lucas 14:33; 1 Corintios 9:27).
C. Para ser cristiano es necesario que cada persona venda "lo que tiene"; es decir, hacer todo lo necesario, cueste lo que cueste, para ser obediente y cumplido con Cristo (Hebreos 5:9).
1. Hay que “vender” placeres, honores (Filipenses 3:3-8), posesiones, cultura y costumbres, hábitos, lazos familiares, en fin, todo aquello que se pudiera apreciar más que Cristo, cualquier cosa que pudiera estar en conflicto con nuestra lealtad a Él.
D. Y la compró. Debemos aprovechar la salvación que Dios nos ofrece permaneciendo en su iglesia (Hechos 2:47).
1. Dice Proverbios 23:23, "Compra la verdad, y no la vendas".

CONCLUSIÓN:
La enseñanza es clara:
• El Reino es la iglesia de Cristo (Mateo 16:18-19; Colosenses 1:13; Hechos 2:47).
• Y para poseerla se ha de vender y desprender la persona que la encuentra, de todo lo que sea obstáculo para adquirirla, dejando todo lo que estorbe para ingresar en el Reino Dios.
• Lo importante es si ustedes ¿es están dispuestos a vender todo para quedarse con ella o dentro de ella?
• ¿Está cuidando la perla preciosa? Si no puede cuidar la perla, usted va a terminar perdiéndola y quizás nunca la recupere.
• Recuerde que Cristo dijo: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro…” (Mateo 6:24).
• Quite los estorbos de dentro de su corazón, pues el Señor también dijo: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).

lunes, 3 de mayo de 2010

¿ENSEÑA HECHOS 2. 44, 46 y 6. 2, QUE HABÍA SÓLO UNA IGLESIA LOCAL EN JERUSALÉN?

Algunos hermanos, afirman que los 3.000 discípulos de Pentecostés y los que se les sumaron posteriormente en Jerusalén, formaban una sola iglesia local.
Luego preguntan (con tono burlón) ¿cómo hizo esta multitud para tomar la Cena con una sola Copa?
Citan Hechos 2. 44, 46 y 6. 2 para dar apoyo a sus teorías.

LA VERDAD
Hechos 2. 44, dice que los discípulos, “estaban juntos”.
Cabe preguntar... ¿Dónde?. La Biblia dice: “Unánimes CADA DÍA en el templo” (Hch. 2. 46; cf. 5. 12).
Este texto responde categóricamente nuestra pregunta. Era imposible, repito, IMPOSIBLE, que realizaran en el templo la Cena del Señor, porque los judíos hubieran considerado esto, una profanación (cf. Hch. 21. 20 – 30).
Quién afirme lo contrario, sencillamente ignora el asunto o miente de forma descarada.
Hechos 2. 42, enseña que los cristianos,“perseveraban... en el partimiento del pan”. ¿Dónde lo partían? El contexto dice: “y partiendo el pan en las casas” (Hch. 2. 46).
Es obligatorio tomar en cuenta el contexto, aquí no cabe evasiva posible, el contexto es contundentemente claro.

Otra pregunta que cabe hacer, es... ¿Cuándo lo partían?
Hechos 20. 7 dice: “el primer día de la semana”.

Hechos 6. 2. En este caso, vemos que la multitud de los discípulos eran dirigidos todavía por los apóstoles y se eligieron diáconos antes de elegir ancianos.
Sólo los apóstoles inspirados, tenían esa potestad, así como también era atribución sólo de ellos, imponer las manos para otorgar los dones espirituales (cf. Hch. 6. 6; 8. 14-19; 14. 23; 1. 24-26).
La frase, “la multitud de los discípulos”, SÓLO puede referirse a todos los miembros de las iglesias locales que se reunían en las casas para el partimiento del pan (Hch. 2. 46).
Afirmar que tal multitud partía el pan en un solo lugar, es irresponsable y carece de lógica y sentido práctico.

Las Sagradas Escrituras dejan evidentemente claro, el hecho de que los cristianos de las grandes ciudades del Imperio Romano, se reunían en las casas (cf. Rom. 1. 7) “a todos los que estáis...”. Tal es el caso de los cristianos en la capital del Imperio, donde como mínimo, habían cuatro iglesias locales en casas de hermanos (cf. Rom. 16. 3-5, 14, 15).
Las frases “y a los hermanos que están con ellos”, “y a todos los santos que están con ellos” indican iglesias locales, formadas por los hermanos mencionados en estos versículos (Véase, Notas Sobre Romanos, de Bill H. Reeves).
Aclaro que, la proposición no es reunirnos en las casas, ya que la Biblia nos da libertad respecto al tipo de local de reunión (cf. Jn. 4. 21; Mat. 18. 20).
Aparte de estas tres congregaciones, la lista de Pablo evidencia que los hermanos restantes formaban la congregación que recibió la epístola (cf. 16. 1, 2).
Hechos 9. 31, habla de “las iglesias ... POR TODA Judea, Galilea, y Samaria...”. En 11. 29, 30, los de Antioquia, enviaron ayuda a los hermanos de “las iglesias... por toda Judea” (9. 31), encargando a Bernabé y Pablo que la dieran a los pastores. No la dieron a los pastores de una sola iglesia local en Judea, sino a los pastores de todas “las iglesias... por toda Judea” (9.31).
De manera pues, que es innegable la existencia de muchas iglesias locales en Judea e incuestionable la presencia de muchas congregaciones en Jerusalén.

Hechos 15. 1, 2, 4, 6, 12, 22, 23, habla de los apóstoles, los ancianos y la iglesia. Pero en 12. 5 dice que “la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por (Pedro) él”. El versículo 12, dice que “muchos estaban reunidos orando” en casa de María. El vocablo “muchos” indica que no estaba reunida allí “la multitud de los discípulos” (6. 2; 15. 12).
¿Dónde estaba orando la iglesia o la multitud? En casa de María NO. Una multitud no cabe en una casa, por muy grande que ella sea . Recuerde que estamos hablando de más de
8. 000 personas (Hch. 2. 41; 4. 4) sin contar a las mujeres, ni el crecimiento progresivo y en aumento hasta la persecución por causa de la muerte de Esteban (Hch. 5. 14; 6. 1; 8. 1-4).
Hechos 12. 17, señala a Jacobo y... “los hermanos”. Esta frase alude a gran cantidad de cristianos, “a los hermanos” implica a la mayoría, a la multitud.
¿Dónde pues, estaban la mayoría de “los hermanos” mencionados en este texto? Sería ilógico pensar que, la casa de María albergara a “la multitud de los discípulos” (6. 2).
En 12. 5, dice que la iglesia hacía oración por Pedro. Es decir, más 8. 000 cristianos, sin contar a las mujeres. ¿Significa esto que miles de cristianos estaban todos orando en una sola casa? ¡Claro que NO! Si partían el pan en las casas (Hch. 2. 46), lo lógico es que oraban también en las casas donde se reunían como iglesias locales y, la casa de María era una de las que servía para ese fin.

CONCLUSIÓN
“Asumamos” por un momento, que tal multitud celebró la Cena en un solo lugar y apliquemos el sentido común a las siguientes interrogantes:
¿Cuántas vasijas de barro, jarrones de vino y tiempo emplearon para repartir el fruto de la vid entre la multitud reunida? Tomemos en cuenta que en aquella época no habían vasitos desechables y John G. Thomas inventó en 1894 el primer equipo de copitas individuales para la comunión.
¿Cómo transportaron las miles de vasijas de barro y los jarrones llenas con el fruto de la vid al lugar de reunión?
No tenían vehículos modernos para hacerlo.
¿No era más conveniente o práctico celebrar la cena del Señor en congregaciones pequeñas, reunidas en las casas como dice la Biblia en Hechos 2. 46?
¿De que tamaño tendría que haber sido el pan para que la multitud participara de él? (I Cor. 10. 17).
¿No representa todo esto, un gran problema de logística y en consecuencia una situación inviable?
Los que preguntan: ¿Cómo hizo esta multitud para tomar la Cena con una sola Copa? y luego nos tildan de extremistas, etc., son culpables de lo mismo con que nos etiquetan.

lunes, 19 de abril de 2010

AÑADIENDO CUALIDADES - 2ª Parte


En el primer artículo hablé sobre el sentido de algunas de las cualidades que en 2 Pedro 1: 3-11 se nos ordena desarrollar. Pedro dice “añadid” (mandamiento directo), no es una cuestión opcional sino obligatorias, Dios quiere que poseamos estas cualidades, además, por medio de ellas manifestamos a la humanidad nuestra filiación con Él, y así, iluminamos al mundo (Mateo 5: 14-16).

PIEDAD. A la paciencia debemos adornarla con un proceder piadoso, es decir, tener compasión ante las personas desgraciadas o que sufren. Tener piedad es lo mismo que ser misericordioso, el Señor dijo: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7; Santiago 2: 9). También la piedad, es manifiesta en la persona que tiene un sentimiento de respeto hacia lo santo, hacia los actos del culto divino, tener piedad es estar a favor de Dios y de lo que a Él le agrada. El evangelio es descrito por Pablo como “el misterio de la piedad” (1 Tim. 3: 16; Tito 1: 1).
La doctrina de Cristo (2 Juan 9) se basa en la piedad, y así debe ser enseñada, el apóstol Pablo señala que: “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira…” (1 Tim. 6: 3-6).
¿La piedad puede ser aprendida? Por supuesto, el Señor dijo: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia [piedad] quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9: 13). Y Pablo dijo a Timoteo: “Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos… Esto manda y enseña” (1 Timoteo 4: 7-11; 2 Pedro 2: 9; 3: 11). También Pablo dice a nuestras hermanas en Cristo, que se atavíen con acciones piadosas: “…con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Tim. 2: 10).
La ausencia de piedad es la causante de muchas injusticias y tantos males en el mundo. Relata Mateo 12: 1-7, que los fariseos acusaron a los discípulos del Señor de hacer lo que no era lícito en el día de reposo, pues, ellos tenían hambre y arrancaron espigas y comieron. Ellos hicieron algo que era lícito según la Ley de Moisés (Deuteronomio 23: 25).
Cristo también les señaló a los judíos que el rey David juntamente con los que le acompañaban, estando ellos hambrientos, comieron de los panes de la preposición, algo que les era prohibido (1 Samuel 21: 1-6; Levítico 24: 5-9).
En el día de reposo, además del holocausto diario, los sacerdotes sacrificaban dos corderos, amasaban con aceite cuatro kilos de harina y la ofrecían con la ofrenda de vino, Cristo les dijo que los sacerdotes eran sin culpa, aunque violaban el día de reposo, realizando sus actividades (Números 28: 9-10). Luego les dijo, que ellos NO entendían el significado de la palabra “misericordia”: “Y si supieseis qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenarías a los inocentes” (Mateo 12: 7; Oseas 6: 6; Santiago 2: 13).
Por otro lado, sufrimos “el colmo de los colmos”, porque sucede que muchos de los que condenan a los inocentes simulan ser personas piadosas. Se da un caso con la ofrenda de 1 Corintios 16: 1,2, algunos dicen que se le puede dar la ofrenda directamente al no creyente, cuando la Biblia dice claramente que esta ofrenda es para los santos (los creyentes). Como sensatos, nos oponemos a sus prácticas, pues estas constituyen malversación de fondos, pero inmediatamente somos acusados de ser personas sin misericordia, sin amor, sin piedad, extremistas o “ultra conservadores”, prejuician a la gente para que no nos oigan. El resultado de esto es que los que malversan la ofrenda de 1 Corintios 16: 1,2, son vistos como personas piadosas. Igualmente usan estas tácticas carnales para poner a las personas contra el uso de un solo recipiente para beber en la cena del Señor (1 Corintios 10: 16; 11: 25, 28; Mateo 26: 27; Marcos 14: 23). Nos señalan de “extremistas”, “ultra-conservadores”, ect., cualquiera que escuche estos señalamientos, pensará que se habla de personas desagradables con las cuales no deben juntarse. La verdad es que al nosotros ser fiel a 1 Corintios 16: 1, 2, estamos, “evitando que nadie nos censure en cuanto esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres” (2 Corintios 8: 20-21). Si alguna persona no creyente solicita nuestra ayuda, cada individuo cristiano le ayuda de su propio peculio, como lo enseña el Señor Jesucristo en la parábola del buen samaritano (Lucas 10: 25-37). Al usar un solo recipiente para beber, estamos cumpliendo el mandamiento de Cristo, “bebed de ella todos” (Mateo 26: 27). Así queda evidenciado quienes realmente son piadosos (sentimiento de respeto hacia lo santo, hacia los actos del culto divino). Obvio es que los que no respetan los mandamientos de Dios y aparentan cumplirlos son manipuladores de conciencias y acusan de extremistas a los que si respetan los mandamientos de Cristo. Pablo advirtió contra los que simulan piedad: “…que toman la piedad [el evangelio] como fuente de ganancias; apártate de los tales”; “Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita” (1 Timoteo 6: 5; 2 Timoteo 3: 5). Nuestra piedad tiene que ser genuina, espontánea. Cada cristiano debe mostrar, evidente compasión con toda persona y respeto y obediencia a los mandamientos de Dios, esto es obligatorio hacer igualmente lo otro (Mateo 23: 23). Gálatas 6: 9-10, dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.

AFECTO FRATERNAL. Los sentimientos que nos mueven a ayudar a nuestros familiares, son instintivos, de allí el dicho “es mi sangre”, pero no nos ocurre así con quien no tengamos parentesco, ejemplo, Cristo dijo: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen…” (Lucas 6: 27). Es obvio que cuando favorecemos a quienes nos odian, no somos motivados a hacerle bien porque sentimos afecto fraternal. El afecto fraternal lo reservamos para nuestros familiares, aunque algunas veces hemos escuchado decir a un amigo o conocido de la familia “tú eres como de la familia”, pero sabemos que no es así, el adverbio “como” es una comparación nada más. La frase “afecto fraternal”, en el Nuevo Testamento significa amor fraternal, beso fraternal, amistad hermanable y amor familiar. Como cristianos ahora somos miembros de una selecta familia: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19; 1 Timoteo 3: 14-15; 1 Juan 3: 1). Nuestros sentimientos hacia los hermanos deben ser igual (aunque los vínculos y las relaciones sean diferentes) como los que mostramos con nuestros familiares en la carne, 1 Timoteo 5: 1-2, ilustran bien esto: “No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza”.

AMOR. ¿Qué tanto amamos a los hermanos? Es justo que nos examinemos y hagamos reflexión: “Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros”; Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4: 11-12, 20-21; 3: 14-18; 4: 7-10). Cristo cumplió la Ley y los profetas, el Señor dijo: “…no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5: 17). Todo lo anunciado de antemano, fue cumplido en él y por él: “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”; “Y les dijo: Estas son la palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que esta escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lucas 24: 27, 44). Habiéndose cumplido todo lo escrito sobre Jesús, el Antiguo Testamento llegó a su fin: “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”; “…aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”; “…anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Romanos 10: 4; Efesios 2: 15; Colosenses 2: 14). El Antiguo Testamento esta resumido en un solo mandamiento en la ley de Cristo: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”; “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”; “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13: 10; Gálatas 5: 14; 6: 2).
Cristo nos mostró con su sacrificio, la plenitud de su amor: “…como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”; “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor”; “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado ha su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”; “Nadie tiene mayor amor que este, que uno que ponga su vida por sus amigos”; “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (Juan 13: 1; 15: 9; 3: 16; 15: 13; 1 Juan 3: 16). El amor es algo que se da otro, necesita ser manifestado y, “…nuca deja de ser…” (1 Corintios 13: 8), porque es eterno. Dios es amor (1 Juan 4: 8) y el Padre ama al Hijo (Juan 3: 35; 5: 20), por eso el hijo es eterno porque Dios es amor y el amor es eterno. Si Cristo no fuera eterno ¿con quién hubiera compartido el Padre su amor? Siendo Él amor, ¿cómo probaría que el amor es eterno, si no existió nadie eterno aparte de Él a quien demostrárselo? Porque amor que no se demuestra no es amor, por ejemplo: “Porque el señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12: 6). Si amamos a los hermanos, amamos a Dios y seremos bendecidos por Él, y todo lo que pueda acontecernos en esta vida (bueno o malo) será siempre para nuestro beneficio: “Y sabemos que los aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8: 28). También debemos conducirnos para con los demás, siempre con amor, defendiendo la verdad del evangelio, dice la Palabra de Dios: “…siguiendo la verdad en amor…” (Efesios 4: 15). No podemos confundir el amor con el sentimentalismo o socialización, como ocurre con algunas personas, que para agradarle a alguien sacrifican la verdad y cambian a la doctrina del Señor. El amor no esta reñido con el culto, ni con la organización y obra de la iglesia, ni con ningún otro mandamiento de Dios en el Nuevo Testamento, consideremos lo dicho por Cristo a los fariseos: “Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mateo 23: 23).
El amor es definido por Pablo como “un camino más excelente” (1 Corintios 12: 31). También describe sus virtudes diciendo: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13: 4-7).
El amor se basa en conocimiento y propósito, “Porque de tal manera amó Dios al mundo” (Juan 3: 16). El Señor tenía anticipado conocimiento de la necesidad de salvación del hombre, y se entregó en rescate (propósito) por él: “Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5: 8).

CONCLUSIÓN:
La fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y el amor, son atributos de la naturaleza de Dios, al hacernos cristianos participamos de tan gran bendición, es por ello que debe que ser evidente estas cualidades en nosotros, recordemos que el árbol es reconocido por sus frutos, y el Señor nos llamó para que produzcamos muchos frutos: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15: 8). Recordemos siempre estas enseñanzas en las Escrituras, fijémonos como propósito desarrollar en nosotros estas virtudes. Pedro dijo: “porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 Ped. 1: 10). También insiste en recordarles a sus lectores, su enseñanza: “Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros lo sepáis, y estéis confirmaros en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas” (2 Ped. 1:12-15).